martes, 23 de octubre de 2012

HUAROQUÍN!!!

Cada vez que le hablo a alguien de Huaroquín, me dicen, ¿qué es eso?, y siempre mi respuesta es: Es un pueblito antiguo a 5 horas de Huaral hacia el noreste, y me responden: Nunca lo había oído.

Pero no es simplemente un pueblo, es uno de los refugios de nuestros antepasados incas al huir de la conquista de los españoles, se encuentra a 3800 m.s.n.m., y hace pocos meses ha llegado ahí, el internet.

Cada vez que pienso en Huaroquín, se me viene a la mente un ser tan gentil y solitario, que aveces se me llenan los ojos de lagrimas, al pensar como sería mi vida si yo viviera así. Una mujer de avanzada edad, viuda desde hace ya décadas, que vive sólo para su ganado.

La tía Kicha es una de los 22 habitantes totales del pueblo, nació y creció allí, y a pesar de que nadie sepa su edad ni su cumpleaños, parece que también morirá ahí, pues sus arrugas delatan ya casi los 100 años o quizá más, y a pesar de eso, cada vez que llegamos, nos atiende de una manera tan amable, tanto que cualquiera diría que se está despidiendo de nosotros.

Lleva en uno de sus parpados un pedacito de cinta de embalaje, que evita que el peso del parpado inferior cierre su ojo derecho, pues sus arrugas y la piel que le cuelga son tan notables, que si no lo llevara puesto, no vería nada. Tiene unas trenzas blancas y largas enrolladas en el cuello, y creo que si las soltara, las arrastraría al caminar.

Todos los años a fines de junio que viajamos para las fiestas del pueblo, es la misma historia: llegamos, la tía Kicha nos recibe con lágrimas, nos da una de sus rechinantes habitaciones, nos atiende amablemente, mata una de sus ovejas, y comemos queso.

Luego de una semana de estadía en tan acogedor pueblo, nos despedimos de nuestra tía, que por cierto me olvidaba, es la tía de mi abuelo materno. Ella nuevamente se llena de lágrimas y despide a cada uno tiernamente. La primera vez que la abracé, traté de no lastimarla, pues pensé que por su edad sería algo frágil, pero su abrazo fué mas fuerte que el de cualquiera de mis amigos.

Cada año en la despedida nos dice: "Derrepente el otro año ya no me encuentran", y siempre nosotros le decimos: "Pero vámonos con usted a Lima", pero no puede dejar sus vacas, toros y ovejas.

Nos subimos al camión para emprender la partida, y mientras avanzamos, vemos como la tía Kicha con una sonrisa de melancolía, a lo lejos no deja de agitar su arrugada mano, hasta desaparecer por completo de nuestra vista, pensando realmente si el otro año la volveremos a ver.


viernes, 12 de octubre de 2012


PERDIDO:

¡Dónde esta mi hijo! Gritaba mi madre desconsolada, pues aquella tarde que parecía tan normal, llegando mi madre del trabajo no encontró al último de sus retoños en casa. Pregunto primero serena en los departamentos de alquiler de nuestra casa, y con cada negativa se alteraban mas sus nervios, salió a las calles preguntando casa por casa, a ver si tal vez se había ido a jugar con uno de sus amiguitos, los nervios y la desesperación se apoderaban mas de ella mientras los ojos se le humedecían.

Unas horas habían pasado desde su desaparición y yo acababa de llegar si haberme enterado de nada, me dirigía a bañarme cuando ya casi desnudo escucho a mi madre llegar gritando desconsolada: “¡no lo encuentro, no está mi hijo!”, salí asustado y entendí rápidamente el problema, cogí una bicicleta y me uní a la búsqueda, pues toda mi familia estaba recorriendo todo Comas.

Después de una hora más de búsqueda pase por un parque a media hora de mi casa, y en uno de los columpios estaba el señorito desaparecido con unos niños más. Grite a toda voz ¡Adrian! Ese era el nombre del prófugo, y con la cara de culpable que ya todos conocemos camino lentamente hacia mí, sin palabra alguna, y con la cabeza gacha. No supe que decir solo atine a gritar y preguntar por qué había hecho eso, y entre lagrimas me contó: “traje anotación de nuevo en el control, no quería hacer renegar mas a mi mamá, soy un mal hijo y ella no merece renegar ni llorar mas por mí, y por eso deje esa nota en el refrigerador”.

Esto me conmovió un poco, pero nadie había visto la nota. Cuando llegamos a casa mi madre corrió a abrazar a su hijo, para luego jalarle la oreja por salirse de la casa. Nos enseño la nota escrita con color azul: “Mami me voy de la casa porque no quiero hacerte renegar mas, algún día regresare”. Ya todo tranquilo por fin pude bañarme para ir a la universidad, pero las clases ya habían acabado.