sábado, 1 de diciembre de 2012


CRÓNICAS MANIPULADAS

Durante 500 años, hemos tenido que confiar en las crónicas escritas por los conquistadores españoles, las que nos describen los historiadores, como en 1532 Francisco Pizarro llega  a las fronteras del Tahuantinsuyo con algo menos de 200 hombres, desde entonces los  historiadores se han sentido intrigados por los posteriores sucesos.

Cuando los mensajeros incas propagaron por el imperio la noticia de la diminuta invasión, ¿por q no se movilizó el ejercito inca?, ¿cómo pudo un puñado de invasores poner de rodillas a la mayor civilización indígena de Sudamérica?. ¿Fue debido a la superioridad de armas?, ¿a las enfermedades europeas? o fue por otra razón.

El imperio inca fue uno de los muchos que surgieron y cayeron en Perú y el más grande, los incas eran los romanos del nuevo mundo, ingenieros y constructores sin igual, crearon el Machu Picchu, el sistema de carreteras mas complejos de Sudamérica, e innumerables obras maestras en oro. Pero el mayor talento lo tenían como conquistadores, y este talento lo usaron en el siglo 15 para conquistar toda la región andina.
Las crónicas españolas de la conquista quitan importancia a un hecho muy importante. Cuando Pizarro y sus conquistadores llegaron al Perú, el imperio inca se estaba desmoronando. Se había formado solo 100 años antes, cuando los incas se desplegaron desde su capital del cusco para aplastar a los muchos pueblos indígenas de la región.

En 1532 mucho de los 10 millones del imperio estaban hartos de la dominación inca y estaban dispuesto a aliarse con los españoles para deshacerse del dominio inca, ya que habían vivido bajo su dominio.
Para los españoles fue un autentico golpe de suerte, aun con sus avances tecnológicos y sus caballos, no eran un ejército formidable, ni mucho menos eran soldados, tan solo aventureros despiadados, analfabetos salidos de zonas rurales con una sed insaciable de oro y plata. Y por esta razón, la tarea de contar la historia recayó fundamentalmente en escribanos y cronistas.

A lo largo de los años se creó una especie de versión oficial de lo que había ocurrido, los historiadores y arqueólogos sospechan desde hace tiempo que en el proceso se alteraron algunos hechos y otros fueron omitidos conscientemente. Los cronistas buscaban justificar la conquista, y para magnificar la gloria de los españoles exageraron en sus relatos.


Hicieron todo lo posible para mostrar una imagen dramática de las dificultades y heroísmo de los españoles pero ignoraron de manera notoria la ayuda que recibieron de los indios aliados. Relatan una sucesión de batallas dramáticas en las que el diminuto grupo de Pizarro se enfrentaba a los grandes ejércitos incas, y contra todo pronóstico ganaban. Y un claro y clásico ejemplo es lo sucedido en Cajamarca.

Con el mundo inca alborotado,  Pizarro avanzo a la capital Cuzco, que cayó rápidamente en poder de los españoles, a los pocos meses el imperio inca era suyo, y la resistencia armada inca tardó  cuatro años en materializarse.

Según las crónicas el 10 de agosto de 1536, Francisco Pizarro estaba en lima, y vio aterrorizado como un enorme ejército indígena avanzaba hacia ellos. Ese mes la ciudad de lima tenía tan solo 18 meses de antigüedad, sus pocas casas de adobe estaban dispuestas en forma de cuadricula alrededor de una plaza central.

Según la imagen descrita por los cronistas, el asedio de Lima fue dirigida por Kisu Yupanqui quien contaba con un ejército de 20 mil hombres, al cual la caballería de Pizarro venció heroicamente. Una vez un puñado de españoles había derrotado a un enorme ejército indio, Lima estaba a salvo.

En el cementerio de Puruchuco (lugar donde se enterraron los restos del ejercito de kisu) de los muchos restos, solo se encontraron tres que habían muerto por armas españolas, incluso uno de ellos tenía un impacto de bala de arcabuz, y el resto, hablamos de cientos, por armas incas.

Durante cientos de años nos han contado que un puñado de españoles con sus hierros y sus caballos fueron capaces de conquistar un imperio. Eran indios contra indios, el ejercito inca lo formaban miles no decenas de miles, no hubo carga heroica de la caballería de Pizarro, y los españoles que lucharon estuvieron protegidos por un gran número de indios que lucharon a su lado.
El papel de los aliados indios minimizados sistemáticamente por las crónicas fue fundamental para el éxito de la conquista.

La historiadora María Rostworowski menciona: “Los españoles recibieron una enorme ayuda de sus aliados indios, este hecho pasado por alto en las crónicas, cambia por completo nuestra visión de la conquista, sin ella la historia es absurda”, “La conquista del Perú fue un asunto de indios luchando contra indios, indios tomaron cusco, indios atacaron lima, indios defendieron lima”.

Para ganarse su apoyo, los invasores prometieron a los indios aliados la independencia y poder de influencia que los incas les habían negado, después de la conquista las promesas se olvidaron.

¿Por qué quedó fuera de las crónicas la participación masiva de ejércitos indios en la conquista española del Perú?

La historia de la alianza de los indios andinos es la gran historia no contada de la conquista.

SEMBLANZA DE MI PADRE

Sixto Martín Tello Gonzales, nacido en los años 60, proviene de una familia humilde de la famosa ciudad de Iquitos, familia que le enseño el esfuerzo, el trabajo y la dedicación por lo que uno anhela. Vino a vivir a Lima a los 18 años, echándose a la vida muy joven trabajando y estudiando para salir adelante. Ingresó a la UNFV a los 25 años a la carrera de Lengua y Literatura, mientras alquilaba un cuarto por Zarumilla.

Es un fanático de las ciencias ocultas y de las artes marciales, participo en muchos campeonatos nacionales de Karate obteniendo así muchas medallas y copas. Si hay algo que admiro de mi padre, es su valentía y atrevimiento para cualquier cosa, en especial para sus combates, pareciera como si no le tuviera miedo a nada, ni a nadie y se lanza a la acción firme y decidido, tanto que cualquiera que viera su seguridad, sin necesidad de que acabara la batalla, lo nombrarían a él como el vencedor.

Es un erudito en brindar consejos, interpretar sueños, filosofar, ajedrez, Karate, oratoria y muchas cosas más, pero toda su vida tuvo un defecto, no sabe esperar. No le gusta esperar, colas para el cine, o cualquier tipo de colas o esperas, como si fuese el dueño ingresa, aplica un léxico que confunde al que lo oyera, y manteniendo un rango de superioridad genera la necesidad de ayudarlo, ahorrándose el tiempo en las colas, se retira primero que todos, sin que nadie se queje, se despide amablemente y les da las gracias.

Es casi imposible discutir con él, aunque tu tengas la razón, te puede convencer de que el azul es rojo, al final dudaras de tu palabra, poniendo en tela de juicio si lo que dices es cierto, y que tal vez no tienes la razón, te retiras pensando, hasta que alguien te explique lo que inicialmente pensabas, regresaras a explicárselo nuevamente a mi padre y te confundirá una vez más.

Interesado por  todo tipo de misterios, se emociona como un niño cuando toca sus temas favoritos como lo paranormal, criptología, ovnis, mitos, leyendas, fantasmas, ángeles y demonios, brujería, ocultismo, esoterismo, desdoblamiento, etc. Se la puede pasar horas hablando sobre eso, intercambiando ideas, planteando hipótesis y teorías.

Aun a sus 47 años de edad, sigue siendo un filósofo complejo, pues sus consejos, analogías, parábolas y enseñanzas me dejan siempre con dudas e interrogantes, que luego de analizarlas resulta teniendo la razón.

Al pensar en mi padre, pienso en un amigo, un mejor amigo, pues compartimos tantas cosas y tenemos tantas cosas en común, que pareciera que es mi hermano gemelo. Desde hace muchos años tiene otra familia, y yo se que daría lo que fuera por seguir perteneciendo a la mía. Pero para tener una familia, hay que ser buen padre y buen esposo, a él le falto lo segundo, y eso lo distanció de mi madre. Pero nunca perderemos esa unión de padre e hijo que se que es lo que más lo llena de alegría.